En el momento trágico que la producción se convirtió en un fin la historia se ha encaminado vorazmente al final de sus días, respaldada por todos los abundantemente necesarios, países pobres. La economía se ha convertido en un arma de doble filo, a la que se le ha olvidado por y para quien fue creada. Y entonces el sistema, nos pone a trabajar, a optimizar y a consumir, pero ¿en pro de qué? En pro de sí mismo. De qué sirve maximizar en todo sentido, cuando aún existen quienes mueren de hambre. Este sistema ha sido creado, por quienes no entienden siquiera, que los beneficiados no tienen rostro, no son nadie, y eso es porque éste, se ha metido en todas nuestras cabezas y nos ha sentado a darle comida en la boca. Los que nos controlan, los que nos venden, creen que tienen el poder, pero no entienden que son aun más miserables que nosotros; necesitan del sistema, sin siquiera cuantificar su real magnitud, mientras aquí, he llegado a entender, que la lucha es sinónimo de libertad y eso, es algo que no tiene precio. Y de nuevo pregunto ¿para qué producir tanto? ¿qué sentido tiene? ¿para quién trabajo?. Esto toma la consistencia de una dictadura perfecta, producir y consumir, silenciosamente carcome la inteligencia humana; lo único que nos hace libres.
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