Aún no puedo identificar qué es lo que me da risa de la tele, no sé si es algo inherente al haber pensado hace muy poco o un complejo proceso radicado en el estúpido trauma de la pérdida de mi autoestima; un estado en que todo carece de coherencia o de seriedad, mas no puedo decidir, aún, si es una bajeza de la conciencia o una existencia superior. Reírse de las mentiras, de las manipulaciones, de las verdades, de los mineros, de los presidentes, de los comerciales, del consumismo, de la gente y de las sociedades, puede parecer de alguien que no piensa, pero eso todavía no me queda muy claro. Sólo sé que lo que más me alegró, de entre todas las noticias, fue ver a todos los "fanáticos tecnológicos" haciendo filas, de madrugada, para comprar el "nuevo ipod".
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