martes, 27 de diciembre de 2011

Canciones de los Misfits

Como ya no me gusta escribir voy a poner mis canciones de misfits favoritas.

Where eagles dare

We are 138.

20 eyes

Dust to dust - El coro es otra weá.

Lost in space

Fordibben zone

Pumpkin head - Una de mis favoritas.

Resurrection

Dig up her bones

Crimsom Ghost - Escúchenla entera porque la parte final es la zorra, no hay que esperar mucho porque dura como 2 minutos.

Don't open til doomsday

Y de yapa Helena porque a todos les gusta.

The haunting


Esto está bien por hoy. Otro día pongo más.


lunes, 19 de diciembre de 2011

Plátano occidental

Prendí la tele mientras almorzaba y estaba en uno de esos canales de películas que nunca veo porque no las entiendo mucho, con todo eso de los subtítulos que no alcanzo a leer. Era de una niña que podía ver todo el mundo subida a un árbol, mientras se arropaba con el viento y se perdía en el cielo. Como a mí, le gustaba ver entre las hojas como las nubes cortaban los rayos de luz. No alcancé a saber por qué le gustaba tanto ese árbol, pero yo me hubiera subido con ella para que no lo cortaran.

martes, 6 de diciembre de 2011

No sé por qué me gusta tanto el ceviche si tiene puras cosas que no me gustan, como los condimentos.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Copos de nubes

Si te pidiera que miraras al cielo, ¿qué verías? Podríamos coincidir en una misma mirada, en un mismo cielo, teñidos de azul como hace un rato o hundidos en el más profundo de los negros como ahora. Nos encontraríamos solos, flotando ahí donde se deciden todos los colores, inmersos en nuestros cabellos centelleantes y balbuceando estrellas fugaces. Veríamos las nubes desde lo más alto que conocemos, porque ya nada es lo que parece y las praderas se teñirán de blanco espumoso mientras se confunden con el mar y se convierten en montañas. Y me preguntarás: ¿cuántos mares existen? Querrás saber si los conocía desde antes, pero te diré que no lo sé, que nadie lo sabe; te diré también que ese mar que nos llama a recostarnos no es el mismo que yo conocía, o el que alguien alguna vez conoció, porque este, como todos los mares que existen, nunca volverá a ser el mismo. Sabrás donde encontrarme, en ese lugar que nadie ha visto antes, mirando el infinito bajo un árbol evaporado y perdido en el más hondo de los silencios. Si alguna vez me distraigo es porque estoy mirando el cielo, el mismo que reflejan nuestros ojos; el mismo cielo que me ayudará a buscarte algún día si es que te demoras entre mis recuerdos. Y si te pidiera que miraras al cielo, ahora, ¿qué verías?

domingo, 27 de noviembre de 2011

Dormir

Quiero dormir, como todo el tiempo, pero ahora es distinto. No quiero simplemente soñar, dejar de tener dolor de guata o de estar cansado, sólo quiero dormir. Aunque me demore en dormirme, sé que necesito tener conciencia de por qué quiero tanto dormir. Como un día dijimos con P., pero hablando del hambre, tal vez durmiendo sea la única forma de quitarme esta sed de mierda que no se pasa con nada. Cuando me apague las luces podré saber de dónde vienen las cosas que veo a diario, en los rincones, cuando me pierdo a ratos. A lo mejor sólo quiero escapar a esos lugares que me cobijan a veces durante las tardes, pero que sólo consiguen trastornarme cuando no puedo reconocerlos con claridad. Cuando me duerma no tendré que pensar en nada de esto, pero mientras más lo pienso más quiero seguir aquí imaginando lo feliz que seré, cuando por fin esté visitando a todos aquellos que me visitan durante los días en los que el sol inclemente nos abraza a todos por igual.

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Me lavo los dientes?

Me gusta echarle la pasta al cepillo de dientes, creo que es mi parte favorita porque es algo en lo que nadie podría fallar. Sólo los más exquisitos suelen detenerse a pensar en la cantidad perfecta para que no empiece a intoxicarse la boca, pero que alcance, a su vez, a limpiar hasta la más recóndita muela sin sentir que ésta pierde completamente el sentido. Yo prefiero cerrar los ojos mientras lo hago. A veces el contenido del tubo se mete por entre las cerdas o cae por un lado del cepillo en un intento por mantenerse inmaculada y hermosa en su último paseo camino al cadalso.
Lo que sigue no es más que un trámite desagradable, como accionar el interruptor de la luz en las noches o abrir el refrigerador cuando está vacío. Moviendo de arriba a abajo y de izquierda a derecho nunca sé muy bien qué hacer. La pasta se mete por entre los dientes, toca la lengua y lleva la higiene casi hasta el dolor mismo. Me miro al espejo hasta encontrarme y creo que no pienso en nada mientras lo hago. Estoy en esto un rato prudente, el tiempo necesario, pero, ¿el necesario para qué? ¿Alguien entiende lo que hacemos o lo que intentamos limpiar? Nunca sé cuánto debo estar ahí, viéndome a los ojos, para salir sano del baño y nunca sabré si realmente estoy limpio o si mi aliento de verdad huele a menta como me lo ha prometido la televisión. Por eso esta es la parte que menos me gusta.
Me cae bien enjuagarme, aquí tampoco se puede fallar, pero no es tan divertido como apretar el envase de la pasta, como jugando con un paté hasta reventarlo, aunque cuando éste está vacío es definitivamente lo peor que puedo imaginar para apretar; no hay nada como inaugurar un paquete nuevo. Volviendo al enjuague, me gusta terminar de lavarme los dientes con la certeza de que por último esto lo he hecho bien, porque ya sería el colmo salir todo manchado de pasta o con la boca blanca. A pesar de que el agua siempre está fría, enjuagarse casi siempre es un buen momento.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Corramos hasta que se nos desgarren las piernas,
más allá de donde se pone el sol.
Escapando asustados como unos niños,
corriendo nada más porque sí.

jueves, 3 de noviembre de 2011

El dodo

Tienen un semblante melancólico, como si fueran sensibles a la injusticia de la naturaleza al modelar un cuerpo tan macizo destinado a ser dirigido por alas complementarias ciertamente incapaces de levantarlo del suelo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Dedícame una canción.

La próxima vez que vayas al cementerio, camina entre las lápidas y cuéntame qué es lo que vez. Quiero saber de qué color verás los árboles que cubren las principales avenidas del cementerio general. Mira bien las enormes casas que alojan familias enteras de muertos, custodiadas sigilosamente por siglos de supersticiones, son lo más bonito que vas a ver. Deambulando por ahí encontrarás algunos amigos míos, cuéntales que me has visto, diles lo linda que te ves bajo el sol de la tarde; ellos nada más asentirán con la cabeza. Saluda al niño que lleva las mangueras en una carretilla y al viejo con los rastrillos, ellos te ayudarán a encontrar el camino de vuelta a casa.
Búscame por ahí, sabrás donde quiero que vayas, sigue las dedicatorias hasta dar conmigo. En el pasillo más angosto te estaré esperando para que recorramos juntos el cementerio. Llevarás contigo algunas flores y las repartiremos mientras paseamos hasta que anochezca, sacudiremos las tumbas más viejas y me mostrarás los epitafios que te ayudaron a encontrarme. Nos sentaremos en algún rincón en silencio a ver el infinito y entonces entenderás por qué hemos llegado hasta ahí. Desde niño he querido saber qué es lo que pasa allí. Me dirás que ves lo mismo que yo, me dirás que el aire se confunde y se alborota, verás cómo las hojas se vuelan en un remolino que va tiñendo esta realidad de la otra y como revelándome un secreto me mostrarás que el pasillo que hemos estado mirando ya no es el mismo.

martes, 25 de octubre de 2011

Ayer murió un tipo en la tele, sesenta y tres años tenía. Manejaba un camión tres-cuartos cuando chocó con una vía siglo veintiuno que debió haber ido volando. Todos los testigos estaban consternados y el taco alcanzaba desproporciones incalculables, paralizando las actividades de todos los que estaban llegando atrasados. El representante legal de la flota de micros se aferró con uñas y dientes a la idea de que sus choferes manejan a la defensiva y la esposa del micrero estaba conteta, pues había esperado lo peor cuando le contaron de la tragedia. Nadie más volvió a hablar del muerto.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Máquina de bebidas

Ahí estaba de nuevo, en una suerte de recepción, esperando las buenas nuevas y moviendo impaciente los pies que me colgaban del asiento. La mañana calentaba tranquila ese día de agosto y el sol entraba por todas partes, ayudando al polvo a teñir todo de un color veraniego: las rendijas de las paredes de aluminio negro; las cerámicas de los pasillos y las alfombras de las oficinas; los vidrios difusos por donde se metía inevitablemente la vida que inundaba todos los rincones de los desgraciados oficinistas; y un par de trofeos deportivos expuestos con orgullo en las enormes vitrinas de la oficina del subdirector. Había estado un par de veces antes ahí, por otras razones y con otros temores, pero a pesar de todo jamás me habían reprimido; el subdirector era un inglés amable en exceso, amante de los valores y objeto de burlas que siempre me apenaron en secreto. Él me enseñó que la verdad libera, ojalá lo supiera.
Esperé mi turno en silencio, aún tenía fe en Dios, en los hombres y en la vida. Una vez en la oficina me senté tranquilo, apenas saludé al entrar, aterrado por no molestar a la autoridad, que en esos días tanto peso tenía. El inglés buscaba en una cajita de herramientas metálica las últimas monedas que le iban quedando para pagar; yo me distraía mirando las imperfecciones de la pintura y una foto colgada en la pared de un hombre solemne vistiendo una franja tricolor que le cruzaba todo el cuerpo, desde el hombro hasta la cadera contraria. Por fin rompió el silencio y me preguntó mi nombre en un español mal hablado, me pasó los doscientos pesos que me había tragado la máquina de bebidas y se levantó para despedirse como si hubiera olvidado que yo no era más que un niño, incapaz de agradecer un gesto como ese.
Victorioso corrí a la expendedora a elegir una bebida, que no disfruté tanto como aquel día en que se detuvo el tiempo hasta esa mañana. Entonces pudo seguir todo como siempre debió haber sido. Me vi sentado a un lado de la máquina terminando lo que había empezado dos semanas atrás o contándole a mi mamá camino a casa todo lo que me había gustado tomarme esa bebida acariciado por el sol, da igual, no podía hacer nada más que vivir esos recuerdo felices que nunca ocurrieron.




jueves, 6 de octubre de 2011

6 de octubre.

Pasa el tiempo como pasó el día: inalterado. Suena la guitarra, canto un rato y me cago la garganta otro, así voy matando el tiempo que tanto nos asusta a veces. No hay nada entretenido en el computador, pero es perfecto para mirar inmóvil como avanza el reloj de la esquina. Bajo a la cocina, abro el refrigerador, lo cierro y lo vuelvo a abrir, escucho mis pies aplaudir contra las punzantes cerámicas y me miro en la ventana; así han muerto otros cinco minutos. De vuelta a mí puedo pasar al baño o seguir de largo, en realidad no tiene mucho sentido hacer diferencias cuando el fin de todo esto no es más que mantenerme ocupado. ¿Por qué entonces la gente se preocupa tanto de hacer su vida interesante todo el tiempo? Porque para mí olvidar algo que pasó, por pequeño que sea, es como haber matado ese algo y así también, el tiempo con él. Es como lo que hago ahora, olvidar y matar el tiempo. En algún sentido tal vez todos lo hacen, pero nadie lo reconoce.
Cierro la puerta, como si alguien fuera a entrar detrás de mí, y aprovecho de gastar un par de segundos más pensando en qué lado de la puerta es el que menos veo, porque si se quedara abierta para siempre, como le gusta a mi papá, un lado definitivamente quedaría percudido por el sol y otro desaparecería en mi memoria. Adentro todo sigue igual: la ropa tirada, la batería desarmada, algunas monedas desparramadas y las cortinas defendiéndome heroicamente de la luz. Cualquiera diría que deprime vivir así, sin más motivos para despertar que la biología, y sí, tienen mucha razón.
Me gusta mi pieza y ese pequeño micro-clima que se crea una vez que estamos solos, cuando todos los recuerdos salen a ocupar los espacios que los evocan y a retorcerme las entrañas.

domingo, 4 de septiembre de 2011

¿Por qué la gente habla tanto de la libertad sin saber en verdad lo que es? ¿Alguien lo sabe, la conoce o la vive?

Un libro que conozco

Es un libro raro: un día nos lleva a un bosque a pasar la tarde echados en la maleza y a la página siguiente describe detalladamente las sombrías noches de ciudades decadentes. Este libro escapa a sus paisajes, no cae con el mundo ni se hunde en el mar. Por eso es un buen libro, todos deberían leerlo y pasar así las frías horas de escarcha. Es pasear con un niño por los infiernos, tocando la roca fundida del centro de la tierra y jugando con ella. Es como una sonrisa en la oscuridad, ahí donde ya no llega la luz solar eso es: una sonrisa en la oscuridad.

jueves, 25 de agosto de 2011

24 de agosto

En el desierto los hongos crecían como en el paraíso: grandes, rojos y blancos y por todas partes. Cuando no hubo noche, el calor seco los deshidrató en pocos minutos una vez que los tuve en mis manos. Era cosa de correr el mosquitero para pisar la tierra endurecida por el sol. Afuera de mi pieza todo era como en las películas al atardecer en un pueblo fantasma, a diferencia que yo no podía ver una sola casa. Los buitres y los coyotes esperaban que cayera la noche, porque con este calor no eran más que invisibles adornos del paisaje. En el interior de las cuevas de arena carentes de pinturas rupestres vivían los hongos más hermosos, reposando sobre mesas construidas por el viento y los años. Saqué algunos, los saqué casi todos, pero sólo volví con tres. Los puse a secar en el viejo radiador de la pieza con tallo y todo, mientras veía como los más pequeños se apoderaban de mi guitarra, de la ropa en mi closet y de mi mochila. Era un espectáculo indescriptible verlos crecer dentro de mí.
Hoy reí hasta llorar.

miércoles, 24 de agosto de 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

Bajo el mar

El agua infinita no me deja ver las paredes ni la roca, como si todo fuera nadando en círculos. Sólo sé que el sol, después de almorzar, dibuja un cuadrado perfecto que se ve entrar en las olas y ahogarse en el fondo. Aquí no hay peces, sólo un par de lineas azules que me llevan directo hacia lo más sombrío del mundo. Debajo del agua el tiempo se dobla a mi antojo y los sonidos se van juntando en esa lista de reproducción para de pronto hacerlos explotar todos dentro de nuestras cabezas. Caer aquí es como volar borrachos, sometidos al juicio del viento y a la risa, que nunca nos dejaría oscurecernos demasiado. Respiramos las pequeñas burbujas de aire que se nos meten entre los dedos para así, a kilómetros, poder escucharnos resoplar. El techo es tan alto como el firmamento y los ventanales se confunden entre el aquí y el allá, para sólo dejar escapar la luz. El agua de este lugar consume todos los gritos y los pensamientos al ritmo de cada brazada y nos lleva más allá de los sueños, a correr por la infancia con el reflejo sobre nuestras cabezas y a dejarnos llevar a un paseo instantáneo por esos lugares que nunca debimos olvidar. Si existe un lugar donde todo se hace infinito, eso es bajo el agua.

El tiempo en segundos

¿En qué pasa el tiempo cuando los segundos son eternos? ¿Siguen acaso siendo segundos? Podríamos simplemente no llamarlos de ninguna forma. Es como los colores o las canciones, que nadie puede asegurar realmente en qué frecuencia están sus ondas. Si no sabemos cuántos de nuestros segundos exactamente tenemos que hacer esperar a otro, entonces, por ningún motivo es justo dejarlo esperando. A lo mejor por eso alguien inventó el tiempo, para tratar de acercarse un poco a cuantificar nuestros segundos. Tal vez, algún día, cuando podamos medir los segundos de cada uno, nos demos cuenta que todos estamos hechos para esperar lo mismo.

Cosas de celulares y de gente.

Hoy dediqué media hora de mi vida a eso, planeé comer la pizza arriba, y aunque no lo hice, sabía que tenía que volver lo antes posible a ver qué había en ese celular. Me acosté y con todo arriba lo vi, ahí, en la mochila deshecha, esa mochila que ni siquiera había ocupado hoy. Por supuesto no estaba ahí, pero sin saberlo aún, me asustaba profundamente la idea de tener que levantarme a buscarlo. De pronto lo sentí al lado, observándome. Lo podía ver de reojo, sabía que me miraba sentado tranquilamente sobre la mesa de mi velador, disfrutando del miedo que me provocaba voltearme a mirarlo de una vez.
Todo era una farsa, lo supe desde un principio, cuando lo oí vibrar desde el subsuelo, y aun así no me pude sacar esa maldita idea que me persiguió durante todo el día: jugar a alterar la realidad.

domingo, 14 de agosto de 2011

Fotos

Tengo una foto que me hace feliz. No es que sea una gran foto ni una composición perfecta, pero es mi foto. Sé que nadie en el mundo podría tenerla porque tal vez nadie la entendería ni todo lo que ella quiere decir, pero aun así no es una gran foto. Hay algo que la hace única, aparte del hecho de que cada pieza se movía accidentalmente, de cada sonrisa y de cada rayo de luz, que como en un río turbulento, jamás volverá a iluminar los caminos de la misma forma. Lo que la hace única es ese segundo en que todo se detiene para siempre y todo lo que allí se detuvo.

martes, 2 de agosto de 2011

Hoy tenía un suspiro que no pudo salir y de estar atrapado pasó a perderse para siempre.

domingo, 31 de julio de 2011

31 de julio

Hoy es el último día del mes y a pesar de todo lo que ha pasado, termina exactamente como empezó.

viernes, 22 de julio de 2011

Casa en un árbol

Estaba ahí, parado sobre el árbol, con un gorro de abuelo y un lápiz mina sobre la oreja, martillando. Yo no entendía mucho lo que estaba haciendo, pero sabía que era para mí. Pasamos días sobre ese árbol, yo lo miraba trabajar en silencio, sentado sobre un banquito que me construyó. Sólo bajábamos para almorzar. Las tablas de a poco se fueron haciendo uno con el árbol y todo cobró sentido entonces. Le pusimos una escalerita colgante y una puerta trampa, pintamos las paredes de verde oscuro en honor al camuflaje de guerra, muy de moda en esos años, y sobre nosotros, un par de planchas de plástico verde para que se pintara todo por dentro entre luz y color.
Nunca estuvo tan viva mi casita como en esos días cuando el sol se colaba suave entre las hojas.

jueves, 21 de julio de 2011

Es estúpido, pero de alguna forma sabía que no tocaríamos el viernes. ¿Puede que una superstición sea capaz de transcender a la muerte incluso?

miércoles, 13 de julio de 2011

Una micro vacía puede perfectamente evocar un domingo por la mañana, cuando prefieres tocar el timbre y bajarte por atrás, para no tener que hablarle al micrero ni verle la cara de desaprobación por estar usando el pase a esas horas.

sábado, 2 de julio de 2011

Es el primer día del mes, porque ayer yo creo que no contaba. Y como primer día no vale la pena escribir nada, porque desmerecería lo que puede pasar en los próximos días, además los ánimos no están como para pronósticos. En realidad no, y estoy exculpando completamente al sueño, que es lo que no me deja dormir.

martes, 28 de junio de 2011

Primer día en meses que dormiré sin reproches; feliz, escuchando la lluvia.

Escalada.

Estoy chato de la escalada y de toda la gente. Esa weá se llama deporte desde que empezó a ser caro. ¡Qué weá más estúpida! Venden las cuerdas como si fueran de oro y el nombre del deporte junto a la moda esa de todos los loquitos que salieron ahora. ¡Qué lata la weá! Ojalá no me hablen más de esa porquería. Como si ir a subir el cerro no fuera la misma weá. Aunque definitivamente no es lo mismo porque para eso no necesitas nada más que tus pies, en cambio pa' la otra weá hasta la polera culiá tiene que ser especial. Lo peor de todo esto es que va de la mano de toda esa ideología de la huella de carbono y de la de comernos toda nuestra basura, cuando no somos capaces siquiera de recoger la de los demás, porque mientras no seamos los que ensucien está bien todo. Estas ideas, que son construidas sobre la base de un deporte o de una moda, están destinadas a desaparecer de la misma forma como llegaron: por moda. Y para terminar de dejarme chato, terminan de explayarse acerca del deporte diciendo -motívate po weón-, como si tuviera que estar en el sindicato de los escaladores pa' subir por las rocas. Esto está casi al nivel de los scouts. Ojalá nadie más me hable de esa porquería de nuevo...

martes, 21 de junio de 2011

Calcetines

Me gustan mis calcetines nuevos, son tan suaves y blancos como siempre los soñé. Me gusta no tener que ponerme de nuevo esos calcetines de mierda de acrílico que compra mi mamá en la calle, esos que te acaloran los pies. Son una especie de imitación de alguna marca conocida, siempre en tonos grises y blancos percudidos y con el logo en cuestión de un color bien raro, algo así como un rojo-morado poco común (no soy muy bueno con los colores). Me dan ganas de ir afuera y ver si de verdad son tan sintéticos como me hacen sentir prendiéndoles fuego, pero me da pena pensar que alguien los hizo con sus manos para mí, para que yo los usara. Y de nuevo está allí, ese sentimiento que reconozco tan bien entre la multitud, ese que me recuerda por qué esos calcetines existen y me los muestra rotos en un par de zapatos viejos camino al trabajo, tal vez con tierra, tal vez mojados, pero sí o sí con frío. Tal vez algún día los queme.

lunes, 20 de junio de 2011

hay hartas cosas dando vuelta en el mercado, cosas lindas, brillantes y simpáticas, y yo sólo quiero dormir todo el día de mañana.

domingo, 19 de junio de 2011

Curepto.

El día que viajemos será un día húmedo, de esos en los que el sol calienta tímido las carreteras y evapora las lluvias que han quedado cicatrizadas en la tierra y en el pasto. Nos sentaremos en la calle, o en algún paradero, mientras decidimos por donde nos vamos. Conozco muy bien el camino.
Llegaremos a un pueblito entre el mar y la sierra, oculto entre algunas lomas verdes plagadas de cartuchos de escopeta oxidados. Allí, veremos fachadas hermosas pero rotas, cubiertas de escombros apuntalados a las veredas por las esquinas. Las podridas tablas de eucaliptos sujetan los últimos vestigios de la colonia española, como si fueran las muletas de un viejo que se aferra obstinadamente a la vida. Es un pueblo desierto. Los peces que alguna vez nadaron en la fuente de la plaza, ya no son más que un par de colores que imaginaremos esconderse entre las algas del agua estancada. Visitaremos la vieja iglesia del pueblo y sacaremos algunas fotos, como si fuésemos un par de turistas, y pasaremos el tiempo viendo los días de las ferias y recordando el sabor que tenían los helados. Debajo de los árboles de la plaza, te contaré cómo se veían cuando les colgaban lucecitas en aquellos días de las fiestas de septiembre.
Por la tarde subiremos por las estrechas calles que nos llevan colina arriba hasta donde está mi abuelo. El guardia que cuida el cementerio estará durmiendo en su caseta como siempre, así que saltaremos la ridícula cadena que bloquea la entrada. Me pondré las gafas una vez que hayamos llegado para que no me veas llorar, no es que me avergüence, es solo que no quiero que pienses que hemos viajado solamente para eso. Me tomarás la mano con fuerza. Nos sentaremos en el concreto de la tumba y ahí, hablaremos de mi abuelo hasta que empiece a oscurecer.
Para terminar el día, iremos a tomar una bebida a algún negocio de alguna esquina, donde las express aún cuesten cien pesos.

jueves, 16 de junio de 2011

Nubes.

De pronto nos vimos sentados en el comedor de un departamento con vista al resuelto desgaste de una ciudad rendida al gris y al olvido. Era una tarde fría, como la de hoy, pero no lo suficiente como para alcanzar a ver nuestras palabras. Sentados en unas sillitas plegables de aluminio, como si estuviéramos en el balcón de una casa de playa, nos abrigábamos por el infinito calor de poder olvidar todo lo que nos rodeaba y perdernos en nosotros mismos y en el café. No teníamos sillones. Habíamos terminado de almorzar recién y ya era demasiado tarde.
Conversamos un rato, conversábamos siempre. No podíamos hacer nada más, estábamos bajo el hechizo ineludible que cae a esa hora del día en la que ha atardecido lo suficiente, donde la amarillenta luz de las viejas ampolletas se mezcla con los tonos tristes de la luz natural que entra por las ventanas, convirtiendo cualquier actividad en un recuerdo melancólico. Es aquella hora del día que detestaba cuando chico y debe ser la hora que odian todos los niños del mundo, porque es el instante en que todo vuelve a ser real y ya no se puede seguir jugando. Es la hora del baño y la de entrar los juguetes llenos de tierra, antes de que caigan a merced definitiva de la oscuridad implacable. Es esa hora en que los colores de la tarde se intersectan con los de un domingo cualquiera, transformando luego, ese minuto de un día particular, en un domingo de antaño.
No recuerdo el día exacto que ocurrió, pero hace mucho dejé de ser un niño.

lunes, 6 de junio de 2011

Alegría.

Hay cosas que no deberían acabar, porque son esas las que hacen al mundo miserable. Es como si toda la vida girara en torno a hacer perpetuo ese instante en que todo se vuelve infinito, pero fugaz. Todo se vuelve vacío de pronto, cuando no entendemos que el sentido de ese momento es que éste no perdure. Y toda la economía mundial se aprovecha de vendernos unos segundos triviales y pasajeros, carentes de realidad, porque ésta: no puede comprarse ni llenarse realmente. Así es como da vueltas el mundo sobre su propio eje. Me gusta pensar en todas las formas distintas que me pueden hacer sonreír en un día como hoy, como mañana o como el viernes.

Invierno

Me gusta tomar café después de almuerzo, aun estando solo y la casa oscura. Me divierte ver cómo el vapor flota en el aire y se esparce uniforme, aunque las nubes y la lluvia alteren la verdadera cuantía de su naturaleza y de su aroma, un poco confuso, de café barato. Las luces de la casa no son lo mismo en estas tardes de invierno, es como si por algún lado escapara toda esa luz que me falta para ver claramente el teclado. Estar solo en invierno es un poco más triste, como que no dan ganas de cantar.

jueves, 2 de junio de 2011

Siempre he pensado que si quisiera que me salieran caries tendría que tomarme un vaso de fanta y después irme a dormir.

miércoles, 1 de junio de 2011

Viendo el discovery descubrí por qué todos los cocodrilos con los que jugaba cuando chico tenían la boca abierta siempre, y a mí que me cargaban; me siento realmente mal.

martes, 31 de mayo de 2011

Primer día de junio

Quiero subirme a unas micros nuevas, esas que tienen espejos prominentes y amenazadores como si fueran cuernos, con grandes ventanales, como si los hubieran hecho para que la gente mirara por ellos. Me imagino viajando en éstas como por el espacio, moviéndose suaves y casi sin hacer ruido, como si no estuvieran dominadas por la física ni por la gravedad. Tienen muy pocos asientos y mucho espacio para estar de pie y adentro todo está a distintas alturas como si eso las hiciera modernas o más amables. Aunque me dejen lejos, sé que algún día me subiré a una de ellas para ver si realmente la gente que viaja arriba es más feliz. Pueden ver las murallas y lo que dicen, sin tener que correr esas cortinas de mierda o limpiar la respiración acumulada en los vidrios para intentar ver algo, y eso es algo que haría sonreír a cualquier. Pero por estos días no tengo muchas ganas de caminar de más.

lunes, 30 de mayo de 2011

doblevé.

Mirando por la ventana se me ocurrió pensar en la doblevé, es una letra extraña. Es la letra más ancha de todas, tan ancha que es imposible que sea una sola letra, sino que deben ser dos tomadas como de las manos o pegadas como siamesas por el torso o por la cabeza en algunos casos. Pero a pesar de esto, aún sigue en el abecedario, como un ser único e independiente y en menoscabo de las demás simples y solitarias letras. Debe ser porque nunca la pudieron separar como a la doble-ele. Es la letra que menos me gusta, pero aun así no puedo dejar de pensar en ella, intentando acallar mi conciencia y el hecho de que voy sentado en lugar de ir de pie. Es una letra perfecta, lo suficientemente singular como para tratar de encontrar su significado en las veredas, pero no lo bastante como para tenerlo realmente.

domingo, 29 de mayo de 2011

Hoy fuimos a ver los caballos. La casa donde estaban era gigante, pero estaba destruida y en las piezas que quedaban vivían más de 16 personas y todas sonreían sin razón. Hacía mucho frío y a las cuatro ya casi ni se veían las paredes escondidas entre la niebla. Fue un lindo día, casi ni peleamos.

Palomas en mi techo

No me puedo sacar el sonido de las palomas de la cabeza, es como si hubieran reemplazado a ese zumbido del silencio y ahora las escucho en todas partes.

miércoles, 25 de mayo de 2011

"aquí, lejos de la luz solar, debemos tomar la energía directamente del núcleo fundido de la tierra."

lunes, 23 de mayo de 2011

2020

Veíamos los techos de lata en una perfecta simbiosis con los árboles y el óxido. Desde allí todo se había abandonado a la resignación de un final irrevocable y al calor, excepto nosotros. La tarde pasaba lenta, dándonos la oportunidad de ver todo el cambio de tonalidad hasta llegar a aquellos rojizos que espolvorean recuerdos por los rincones. Habíamos sacado el tocadiscos al balcón y tomábamos cerveza mirando el sol, en desmedro de algunas nubes que explotaban en el horizonte y por entre los edificios. El balcón era como siempre lo soñé, a la altura de un tercer piso, dejándome ver terrenos destrozados y casas desoladas, pintado de un amarillo muy similar al de sus baldosas restregadas y tan fascinante como para no alcanzar a imaginar absolutamente nada más.
Soy cada día más pretencioso y eso que aún no me he atrevido a escribir nada.

viernes, 20 de mayo de 2011

Puedo un día no contestar los llamados o hacerme el dormido y al otro simplemente dejar de hablar, mas no logro desaparecer. Podría intentar moverme en las sobras o caminar por las paredes, recorrer el sur por las tardes o trabajar con otro nombre trasquilando ovejas, pero aun así no conseguiré esfumarme. Estoy amarrado y lo peor es que es imposible ver todos los nudos. Es irónico pensar que desaparecer va de la mano de existir, porque, desde mi punto de vista, ese instante cuando ya nadie me recuerde ni me busque, habré por fin logrado desaparecer para siempre, pero sólo hasta que alguien me traiga de nuevo a la vida.
Cuando volví a ser un pez comprendí todo, pero ilusamente creí que podría volver allí siempre.

lunes, 16 de mayo de 2011

¿Alguna vez te han violado? Yo no lo sé, creo que un par de veces, pero aún no sé si fue otra persona o si fui yo mismo el que lo hizo.

domingo, 15 de mayo de 2011

Algún día de esta semana

¿Seré yo parte de este enamoramiento fugaz? Porque ahora que lo pienso, no recuerdo qué fue lo que hizo para empezar a encontrarme a diario por las ventanas y en los cerros y en el pasto. Puede nacer de un consentimiento que simplemente no buscaba racionalizarse, y en ese caso sería yo mismo el que se ve reflejado en una respuesta natural, dándole matices diversos y profundidades incomprendidas, hallando explicaciones que escapan del más común de los comportamientos humanos. Entonces, ¿estaré buscando mi reflejo desesperadamente por las calles y por las noches?

domingo, 8 de mayo de 2011

Estrellas.

Te burlabas de mí y de mi andar, nerviosa de no pasar los límites que dibujaba la linea que rayaste con rojo en el cemento; yo no te prestaba atención. Pisábamos el pasto y las piedras y algunas estrellas, pero tú, quién sabe qué pisabas. Me gustaría saberlo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Try

La recordé un instante que se extendió a lo largo de la avenida, hasta la esquina en la que el dobla la micro. No fue un momento triste como antes lo hubiera imaginado, más bien parecía ser alegre, empañado bajo una suave mano de pintura de antaño que le daba esos matices de incertidumbre, como si ella ya hubiera muerto. La vi cristalina, mirándome y riendo maliciosamente, mientras deambulábamos sobre las estrellas y bajo las calles, hablando de los edificios y de las hojas.

miércoles, 27 de abril de 2011

En el planeta del sonido.

Sonaba el silencio inexorable que se escucha en el ojo de una tormenta, cuando sorpresivamente todo se volvió efervescente, en una marejada de notas y acordes disonantes que revolucionaban los pasos de las gentes atareadas sin que ellas lo notaran. Era como estar dentro de un microondas que obligaba hasta a la más ínfima parte de mí a hervir y a hacer explotar mis poros. Todo parecía normal para las cámaras de seguridad que vigilaban los pasillos, porque no alcanzaban a distinguir la malicia que evocaba mi sonrisa ni la suspicacia que se escapaba a borbotones por mis ojos. Intentaba disimular el paso al andar y no mover la cabeza con los golpes de la caja, pero mientras más contenía esa fuerza irrevocable, más resuelta volvía por librarse al fin y hacerme saltar sobre las plantas o arrojarme al pasto violentamente al compás de la música.

43

¡Y la burguesía dice que la abolición de semejante estado de cosas es abolición de la personalidad y de la libertad! Y con razón. Pues se trata efectivamente de abolir la personalidad burguesa, la independencia burguesa y la libertad burguesa.

domingo, 24 de abril de 2011

Revoluciones.

No me puedo resistir a esta cautivante oscuridad que me regala el balcón del hotel. Sometido al agua que se me mete por la punta de los dedos y por dentro de los pulmones, espero el próximo relámpago tratando de adivinar de qué color pintará el cielo.

hola

viernes, 22 de abril de 2011

Playa Girón y el carácter socialista de la Revolución cubana


Atilio Borón, Argentina


En la madrugada del 15 de Abril de 1961 aviones de combate camuflados como si fueran cubanos bombardearon los principales aeropuertos militares de Cuba. Las agencias noticiosas del imperio informaban que se había producido una sublevación de la fuerza aérea “de Castro” y el embajador de Estados Unidos ante la ONU, Adlai Stevenson -expresión del ala más “progresista” del partido Demócrata, ¡menos mal!- trató que el Consejo de Seguridad de ese organismo emitiera una resolución autorizando la intervención de Estados Unidos para “normalizar” la situación en la isla. No tuvo respaldo, pero el plan ya estaba en marcha.

Aquel bombardeo fue la voz de orden para que una brigada mercenaria que con absoluto descaro la CIA y el Pentágono habían venido preparando durante más de un año desembarcara en Bahía de Cochinos, con el declarado propósito de precipitar lo que en nuestros días los melifluos voceros de los intereses imperiales denominarían eufemísticamente como “cambio de régimen.” En Marzo de 1960 –apenas transcurrido poco más de un año del triunfo de la Revolución Cubana- el presidente Eisenhower había firmado una orden ejecutiva dando vía libre para desencadenar una campaña terrorista en contra de Cuba y su revolución. Bajo el amparo oficial de este programa se organizó el reclutamiento de unos mil quinientos hombres (un buen número de los cuales no eran otra cosa que aventureros, bandidos o lúmpenes que la CIA utilizaba, y utiliza, para sus acciones desestabilizadoras) dispuestos a participar de la inminente invasión, se colocó a las organizaciones contrarrevolucionarias bajo el mando de la CIA (es decir, la Casa Blanca) y se crearon varias “unidades operativas”, eufemismo para no llamar por su nombre a bandas de terroristas, escuadrones de la muerte y paramilitares expertos en atentados, demoliciones y sabotajes de todo tipo. Más de tres mil personas murieron en Cuba, desde los inicios de la Revolución, a causa del accionar de estos delincuentes apañados por la el gobierno de un país cuyos presidentes, invariablemente, nos dicen que Dios los puso sobre esta tierra para llevar por todo el mundo la antorcha de la libertad (de mercados), la justicia (racista, clasista y sexista y la democracia (en realidad, la plutocracia). Lo creían antes, y lo creen todavía hoy. Lo creía el católico John Kennedy y el metodista George W. Bush. La única excepción conocida de alguien no infectado por el virus mesiánico es la de John Quincy Adams, sexto presidente de los Estados Unidos, hombre práctico si los hay, quien dijo, en memorable frase, que “Estados Unidos no tiene amistades permanentes sino intereses permanentes,” algo que los gobiernos “pitiyankees” de nuestros países deberían memorizar. (Recordar que este Adams, hijo del segundo presidente de Estados Unidos, John Adams, fue también Secretario de Estado del presidente James Monroe, y colaboró activamente en la formulación de la doctrina que lleva su nombre).

Delincuentes, retomando el hilo de nuestra argumentación, como Luis Posada Carriles -uno de los más conspicuos criminales al servicio del imperio, terrorista probado y confeso, autor intelectual, entre muchos otros crímenes, de la voladura del avión de Cubana en 1976, con 73 personas a bordo- quien hace apenas unos días fue absuelto de todos sus cargos y disfruta de la más completa libertad en los Estados Unidos. Como si eso fuera poco Washington tampoco lo extradita para que pueda ser juzgado en Venezuela, país cuya nacionalidad había adoptado durante el transcurso de sus fechorías. Barack Obama, indigno Premio Nobel de la Paz, protege a los verdugos de nuestros pueblos hasta el final de sus vidas mientras mantiene en prisión, en condiciones que ni siquiera se aplican a un asesino serial, a los cinco luchadores antiterroristas cubanos. Gesto ignominioso el de Obama, pero que tiene un lejano antecedente: en 1962, luego de la derrota sufrida por el ejército invasor reclutado, organizado, entrenado, armado y financiado por los Estados Unidos los prisioneros que habían sido capturados por las milicias revolucionarias cubanas fueron devueltos a los Estados Unidos ¡para ser recibidos y homenajeados –sí, homenajeados- por otro “progresista”, el presidente John F. Kennedy! El fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy, para no ser menos que su hermano mayor, invitó a esa verdadera “Armada Brancaleone” de matones y bandidos a integrarse al ejército norteamericano, cosa que fue aceptada por gran parte de ellos. No sorprende, por lo tanto, que periódicamente aparezcan tenebrosas historias de atrocidades y vejaciones perpetradas por soldados estadounidenses en diversas latitudes, las últimas conocidas hace apenas un par de días en Afganistán y antes en Abu Ghraib; o que durante la Administración Reagan-uno de los peores criminales de guerra de los Estados Unidos, según Noam Chomsky- un coronel del Marine Corps y asesor del Consejo de Seguridad Nacional, Oliver North, hubiera organizado una red de narcotraficantes y vendedores de armas desde su despacho situado a pocos metros de la Oficina Oval de la Casa Blanca para financiar a la “contra” nicaragüense. No le fue tan mal a North después de estallado el escándalo: libró de ir a la cárcel y en la actualidad se desempeña en varios programas de la ultraconservadora cadena Fox News Channel. Estos episodios revelan con elocuencia el clima moral que prevalece en las legiones imperiales.

La derrota de la invasión mercenaria lejos de aplacar al imperio exacerbó aún más sus instintos asesinos: la respuesta fue la preparación de un nuevo plan, Operación Mangosta, que contemplaba la realización de numerosos atentados y sabotajes tendientes a desarticular la producción, destruir cosechas, incendiar cañaverales, obstaculizar el transporte marítimo y el abastecimiento de la isla y amedrentar a los eventuales compradores de productos cubanos, especialmente el níquel. En pocas palabras: preparar lo que luego sería el infame bloqueo integral que sufre Cuba desde los comienzos mismos de la Revolución. Huelga decirlo pero el pueblo cubano -patriótico, consciente y organizado, fiel heredero de las enseñanzas de José Martí- frustró una vez más los miserables designios de la Operación Mangosta. Al día siguiente del bombardeo aéreo del 15 de Abril, en el homenaje que el pueblo de Cuba rendía a sus víctimas, Fidel proclamaría el carácter socialista de la Revolución Cubana con las siguientes palabras: "Compañeros obreros y campesinos: esta es la revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes". Y el 19 de Abril, en Playa Girón, se libraría el combate decisivo que culminaría con la primera derrota militar del imperialismo en tierras americanas. Latinoamérica, su respiración contenida ante esta reedición del clásico enfrentamiento entre David y Goliat, recibió con inmensa alegría la noticia de la derrota de las fuerzas del imperio, y nuestros pueblos terminaron por convencerse que el socialismo no era una ilusión sino una alternativa real. Otra historia empezaba a escribirse en esta parte del mundo. Durante aquellas históricas jornadas la camarilla contrarrevolucionaria estaba a la espera en Miami, presta para trasladarse a Cuba una vez que los invasores controlasen por 72 horas una “zona liberada” que les permitiera constituirse como “gobierno provisional” y, desde allí, solicitar el reconocimiento de la Casa Blanca y la OEA, y la ayuda militar de Estados Unidos para derrotar a la Revolución. Pero Fidel también lo sabía, y por eso su voz de mando fue la de aplastar a la invasión sin perder un minuto, cosa que efectivamente ocurrió. Parece que en Miami todavía siguen esperando.

jueves

Deambulaba, patrullando las calles a ver si la encontraba, aunque era lo último que quería. Me aturdía la enormidad descomunal de una ciudad donde eso es, precisamente, su principal desgracia. Conocí aquel día, rumbos erráticos, perdidos en la memoria o desolados, incluso llegué a caminar en círculos sin que nadie lo notara. Entre lloviznas ocasionales pisaba las hojas y buscaba el sol. Trataba de sentir cada fierro que componía las rejas que tocaban mis dedos al andar o volar parado sobre las paredes que no valía la pena intentar tocar. Eternizaba la miseria que reflejaba en los demás para verlos a todos iguales a mí.
En el bosque el dolor se convierte en un recuerdo vago de antaño, incluso se vuelve alegre, carente de un nombre que lo reconozca o de algún lugar en el espacio.

¿tomamos café?

Hay recuerdos que trastornan, que hacen olvidar cualquier concepción anterior al mismo. Existen recuerdos que destruyen y construyen a su antojo los matices de algún universo, o de todos, y existen otros que inundan la vista, aun mirando directamente al sol. Conozco algunos por los que daría más que la vida y otros pocos que son la vida en sí; esos que te roban el aire, o el alma, de un suspiro y que te lo devuelven cuando ya todo ha estallado y ya nada vale la pena.
No recuerdo su cara, ni el mundo que se construía mientras yo dormía.

sábado, 16 de abril de 2011

Noche de baile

Me convierto en mi propia inercia, en una sombra de un recuerdo que busca iluminarse con fantasías. Esperando nada y mirando la hora y el día, calculando exactamente los segundos que llevo de abstinencia. Toco las canciones que ya conozco, una y otra vez, no para encontrar consuelo o compañía, sino buscando no enfrentar eso que desconozco y que tanto me aterra y me paraliza.

martes, 12 de abril de 2011

No conocía la verdadera decadencia hasta el día que caminé de memoria por los pasillos totalmente oscuros, solo y sin polera, tambaleándome y tomando de la botella mientras miraba el techo.

días y flores

Volvió del baño y trancó la puerta con el balón de gas, intentó tapar lo mejor que pudo las ventanas con las cortinas que tenía y de un tirón del cable de la luz apagó nuestro ojos.
La atmósfera se comenzó a teñir de colores de primavera, mientras nos confundíamos entre el mirar y el vivir. Olvidábamos épocas y compañías, incluso para qué habíamos subido al cerro, cuando un fruto estalló el encarnizado tiroteo. Los infinitos eternos del bosque cubrían mi cara de los impactos de los rasantes proyectiles. Recogí algunas balas que encontré de los años de la resistencia y otras de siglos anteriores, hice algunas señas para que me cubrieran y comencé a correr. Una vez que los disparos se hicieron más inminentes, las tres risas inundaron el bosque, como alguna vez lo habían hecho en otros días más verdes que estos; días que evocábamos involuntariamente con nuestras sonrisas.
Corrí y corrí sin parar, esperando que alguien me siguiera. Tenía ganas de reír. Ya no podía parar, en una carretera de un solo sentido buscaba el camino de regreso.

lunes, 11 de abril de 2011

cuadernos

No sé por qué, pero el que come a mi lado me da pena, tal vez porque tiene hambre; la forma de comer puede decir mucho de ti. A lo mejor esa empanada es su almuerzo, como el mío, que fue una mierda. ¿A alguien le daré pena también?

jueves, 7 de abril de 2011

miércoles, 6 de abril de 2011

Con la cabeza en otro lugar pasaba en limpio las palabras que estaban quedando horrendas por razones obvias, mientras las distintas partes de mí salían corriendo en diversas direcciones buscando algo que hiciera por fin amanecer. La única solución que encontraba, por absurda e ingenua que fuera, era conectarme.

martes, 5 de abril de 2011

Sonaban los misfits mientras la noche pasaba tranquila y eterna frente al techo oscuro que debía de estar ahí.
Quiero saber lo que hubiese soñado anoche, en ese lugar escondido, si el sofocante aire saturado de agua me hubiera dejado cerrar los ojos.

domingo, 3 de abril de 2011

Durmiendo en el pasto

No alcanzaba a ser un sueño, era más bien una maraña de pensamientos inconexos y extraños que nada tenían que ver con la realidad. Éstos fluían sin control como si jamás los hubiera imaginado, pero todavía muy oscuros para verlos caminar, era como si todo el universo se redujera a palabras pronunciadas por algún álter ego que nunca conseguí llegar a ver.

sábado, 2 de abril de 2011

Tengo tanto, pero tanto frío, que lo único que me apena es no alcanzar a soñar todo lo que quería.

viernes, 1 de abril de 2011

Eran algo así como las ocho de la mañana, pero ya no me importaba llegar tarde a clases porque seguía sin polera alucinado con las cicatrices del techo. Hacía frío. Tomamos café sentados entre el suelo y el colchón, escarchados por un tímido silencio que no puedo recordar muy bien, porque se escondía bajo pláticas amorfas y de hervidores y bajo el café mismo. Me dijo que íbamos a tener que comer pan solo porque no tenía refrigerador y blablabla. Creo que fue eso lo que me hizo despertar realmente y ver que el hambre que no me dejaba dormir no había sido sólo un capricho.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Ella es el primer recuerdo que tengo en mucho tiempo, la primera evocación real y tibia, tan mágica como la mañana que me estremeció pensar en lo que habíamos hecho.

lunes, 28 de marzo de 2011

Me preguntó si le tenía miedo a las alturas y sin darme tiempo para respirar, como si me hubiese tomado de la mano, me llevó a través de una ventana rota hasta el balcón donde colgaban la ropa para ver mejor la noche.

jueves, 24 de marzo de 2011

Que triste la hora y el sueño, el hambre, el frío, mi cama, mi pieza y mis libros, y que triste el tiempo que tengo y el que no.

domingo, 20 de marzo de 2011

Tantos episodios de una misma sinopsis que no sé por dónde empezar, porque al escribir uno, estoy, a su vez, escribiéndolos todos juntos y separados.

lunes, 14 de marzo de 2011

laberintos

Evocábamos, como fotografiando un misterioso recuerdo, una vieja habitación de piso de madera maltrecha, incierta y lúgubre por los hongos que la teñían de un color ocre oscuro mezclado con tierra de bosques milenarios. Las tenues luces no permitían ver las paredes, como si no existieran. Por alguna razón, sólo atribuible a un sueño, no sabía cuando ni donde estarían los límites de esta espeluznante escena, pero sabía que no podían escapar de eso que conocía. En el centro de ese universo sombrío reposaban, sobre las rechinantes tablas, una tina seducida a los placeres del óxido y un sillín que sostenía a un niño hecho muerte, mientras intentaba quitar con una esponja el olor a azufre que lo visitaba desde el infierno.

Ojos de vidrio

En el espejo no se podía ver nada además de un par de ojos rojos que, hechos carne, se confundían con la piel y no se cansaban de intrigarme. Solo ahí, no podía entender en lo que nos habíamos convertido. Después de miles de infecciones y manoseos, ya no se podía reconocer el pardo en esos ojos que buscaba insaciable. En esa especie de pesadilla lúcida, un par de ojos de un vidrio sanguíneo, teñidos por tanta cal y muerte en sus venas, me atormentaban cada vez que iba a cerrar los ojos.

Son of a gun

martes, 8 de marzo de 2011

158

La encontraba en los oscuros dormitorios de los pueblos vencidos, sobre todo en los más abyectos, y la materializaba el tufo de la sangre seca en las vendas de los heridos, en el pavor instantáneo del peligro de muerte, a toda hora y en todas partes. Había huido de ella tratando de aniquilar su recuerdo no sólo con la distancia, sino con un encarnizamiento aturdido que sus compañeros de armas calificaban de temeridad, pero mientras más revolcaba su imagen en el muladar de la guerra, más la guerra se parecía a Amaranta. Así padeció el exilio, buscando la manera de matarla con su propia muerte, hasta que le oyó cantar a alguien el viejo cuento del hombre que se casó con una tía que además era su prima, y cuyo hijo terminó siendo abuelo de sí mismo.
-¿Es que uno se puede casar con una tía? -preguntó él, asombrado.
-No sólo se puede -le contestó un soldado- sino que estamos haciendo esta guerra contra los curas para que uno se pueda casar con su propia madre.

Gabriel García Márquez.

mil años

¿Qué día es el que muero? Puede ser por un día o por un año, mi naturaleza tal vez, o simplemente un designio irrevocable. Puedo un día dejar de respirar y a la mañana siguiente no pensar absolutamente en nada, y aun puedo detener mi corazón un par de horas. Me he comenzado a pudrir por dentro y a emanar una pestilencia de muerte incipiente. Me he violado a mí mismo y otro par de veces he visto a la propia muerte en el espejo. ¿Todas consecuencias del fin o es acaso la muerte una consecuencia de todas éstas? Sé que el día que muera será ese en el que me atreva a pensarlo como una posibilidad absoluta, frustrado o no por mi cobardía, no importa, porque no tener nada que me dé vida es como haber muerto hace mucho.
Tengo esa sed como de caña, que no se acaba con agua ni con cerveza o jugo. Se sacia con un jugo natural del mercado, con el agua de un río o con la neblina de las montañas. En el fondo se preocupa del significado que tenga el agua y no de esa sed en sí.

lunes, 7 de marzo de 2011

Mientras pensábamos acercarnos a un intrigante desenlace, escalando y rasgando la tierra con los dedos, nuestra inconsciencia se hizo cada vez más evidente. Aun rondando a la muerte no pude llegar a entender lo que estaba pasando en aquel bosque o conmigo. La cumbre, de sólido magma impenetrable, nos daba una furtiva bienvenida, aunque no estuviésemos listos. Miles de ojos vigilaban nuestro ascenso, de donde ya no podíamos escapar. En lo más alto del cielo, una muralla, custodiada por cuatros eternos, resguardaba la cima del mundo. Fundidos y maquinantes, los árboles sumaban más de un millón de siglos. En el silencio absoluto, nuestro andar destruía todo a su paso como un gigante funesto, delatando con precisión nuestra posición a eso que nos observaba sigilosamente. Subimos hasta no poder más, hasta violar todo lo que pudimos violar y luego escapamos corriendo. Nunca dejaron de acecharnos; pacientes y quietos, como esperando siglos venideros.
Sigue mi viaje de flashbacks que no puede detenerse con nada. Tal vez aquel día tuve razón y durante mi vida me daría cuenta de lo que había ocurrido aquella noche que no puedo recordar. No alcanzo a entender el sentido de estos arrebatos de locura que me consumen cuando los sueños que tuve se toman mi vida. Viajamos a la raíz de la verdad, donde nacen todos mis recuerdos, o mis sueños. En aquel sitio donde se origina el mundo o donde nacen los ríos que me dan de beber; en un lago en el cielo. Las nubes son conocidas para mí, en sus formas y colores, porque las recuerdo intactas, aunque nunca nos hayan presentado. Los cerritos y lomas, son fortalezas de antaño, de esos años en que los lagos y los caminos eran infinitos. Hasta el sabor del polvo me parecía familiar.

discordia

No pude evitar verla a mi lado, lavando platos conmigo, cuando estuve por fin solo. No teníamos detergente, pero eso no importaba, porque en el fondo, nuestras intenciones no eran esas. Bajo nuestra ilusión de un blanco ingenuo, seguimos lavando platos eternamente. Caía el agua a pedazos de una ridícula manguerita amarilla o de una llave, eso es irrelevante en mis delirios, porque exactamente ahí comenzamos a encontrarnos; estuviera ahí o no, ahora o ayer, eso se confunde en mis escapes. Desde ese día que no puedo parar de lavar los platos y, a veces, me gusta cuando quedan con grasa, así como aquel día en que nuestras nuestras risas fueron discordantes con todo eso que creíamos correcto hasta ese momento. Si leyeras esto, ¿sabrías que hablo de ti?


domingo, 6 de marzo de 2011

Caí un par de segundos, luego de resbalar al borde del acantilado. Dicen que puedes ver toda tu vida antes de morir, pero yo sólo atiné a proteger mis gafas de ese futuro impacto. Las nubes se escapaban de mis manos como arena y antes de poder pensar algo más, llegó. Lo último que pude ver fueron unas cuantas niñas horrorizadas, viendo como en una fracción de un segundo imperecedero, me despedazaba contra el concreto. Sentí como eternamente se desgarraba cada centímetro de mi cuerpo hasta llegar a mi cabeza.
Desperté en otro lugar, más allá de lo que entiendo, rodeado de seres grises con heridas de muerte. Bajo una carretera yacía lo que fui hasta ese día. Caminaba un par de metros buscando calor, cuando desperté definitivamente.
Un día cualquiera, cuando ya no era de día, me pregunté si podía morir. Una mañana, simplemente regresé de la muerte. Me preguntaba aquel día, cuántas veces podría morir en un sueño hasta ya no poder volver a soñar. Cuando la realidad que veo es mi realidad, que trasciende transversalmente, asesinando cada verdad que tengo, entonces, ¿cuántas verdades he de matar hasta matarme completamente?

viernes, 25 de febrero de 2011

¿Has tenido tanta hambre como para pensar que no se puede tener más?
No recuerdo el día en que esto dejo de ser un pasatiempo. ¿Será el mismo día en el que preferí quedarme aquí solo a salir con mis amigos?

no, ¿por qué?

Era un lindo día de verano, esos que se ven como si estuvieras en una película cuando tienes las gafas puestas. Me gustaban mucho esas gafas ahí, me cuidaban del sol y del viento para que no se enterasen jamás de lo que en realidad estaba ocurriendo con mis ojos. Recuerdo haber caminado varias cuadras cargando un bolso. Sin un rumbo claro, buscaba la carretera o la cantina, lo que ocurriera primero. Lamentablemente encontré la carretera.
Bajo la sombra de unos alerces amigos, me senté sobre mi ropa a esperar algo. Pasaban raudos y en infinitas direcciones los autos; cualquiera de ellos me servía a donde yo iba, excepto ese que viajaba al sur. El sol, que se colaba entre los árboles para estar conmigo, me imploraba por cada segundo más ahí. Como en un violento golpe de estado, los colores se tomaban mis sentidos, y como en un sueño que no podía controlar, no me dejaban ver ni escuchar nada más.
Esperé, y esperé más, para ver si me arrepentía, pero como es costumbre, casi como un acto reflejo, estaba sentado en un auto camino a mi casa.

sábado, 19 de febrero de 2011

No quiero olvidar la noche en la que cruzamos el río con la mirada, para ver las infinitas luces del risco en donde vivían mil luciérnagas, porque esa noche nació algo que nunca morirá, ni en los más fríos recuerdos. No puedo negar como todo confabulaba para hacernos algo más que amigos, y aun así tiemblo por el miedo a perder algún detalle.

viernes, 18 de febrero de 2011

volamos en colores ingenuos, como de gente en las calles... que muere por un minuto más

en la soledad ambigua, de una noche circular, llena de colores negros, colores de un color

la noche de noches, en sadness y shadow crew... noche blanca y de un color.

flaca y raquin, raquin

entonces ahora la luz, no entrará más por aquel peqeuño lila solra

lilas solares... que no axompañan el winamp y e shuffle, que me suena como a periodismo.

ch .
porfavor ayudenme, noooo quiero estar solo, porfavor que no quiero, porlaputa que no quiero. la mierd grande qu la otra noche no quiero, porque hago cosas que no quiero y ni la guitarra me puede ayudar, sólo el baile de unna pieza de bals psa pa abajo
toi escuchando un acacion como el pico
y se me perdio el mouse , ero ahora no
las teclas se confunden y la wea esa, parpadea y parpadeo... por qué no sabes escribir bonito para entender las cosas ajenas a la realidad esa de hoy... te equivocas esquivamente porque lo sbes... sabes que está bien, pero que mañana no lo será....n está bien... por esa n es lo que soy ahora: una basura de mierda que n hace lo que quiera. equivocarme está bien y esto es parte de lo tro asi que mañna y ahra se chao

jueves, 17 de febrero de 2011

domingo, 13 de febrero de 2011

ceteris paribus

La perfección depende de las perspectivas, pero puedo decir que hay cosas que simplemente no pueden serlo, porque son parte de una transición. La ciencia avanza y nunca se detiene y mientras lo hace descubre aberraciones y destruye religiones, dioses y héroes. Si miramos hacia atrás para ver lo estúpidos que fuimos, nos apoyamos en la ciencia, que a su vez demostrará lo estúpidos que somos. Es algo que no puede detenerse. Como dije, las perspectivas no tienen lugar en el método científico y por eso las ciencias son exactas dentro de lo que se puede entender como exacto. Y así se forja la tónica del mundo de hoy, incluso puedo llegar a pensar que la ciencia en sí, ha perdido el rumbo que buscaba el saber. Puede parecer estúpido comprar un computador hoy si mañana fuera a ser éste mejor, como puede parecer estúpido creer en algo que mañana será refutado. Pero puede no parecer tan estúpido vender hoy, algo obsoleto que parece nuevo, para luego vender eso nuevo ya siendo arcaico y así sucesivamente. Fuera de todo este negocio que puede ser la ciencia, está el mundo de lo irreal, en donde, casi por definición, necesito hablar de él desde algún punto de vista. Dentro de esto que parece tan subjetivo existen cosas que no se pueden hacer más perfectas y aunque sean arremetidas contra mil relatividades, para todo punto de vista éstas siguen siendo perfectas. Para entenderme mejor mañana, puedo reírme de como usaban el pelo en los setentas o de que se haya creído que la tierra era plana, pero jamás podré reírme de la música que se escuchaba, porque eso, es algo único, que no puede reemplazarse ni romperse. Incluso dentro de la música, existen tendencias y eso me puede parecer estúpido, pero es algo ajeno a ella; ajeno a la perfección misma. La inteligencia evoluciona y el saber aumenta, pero, como ya lo dije, hay cosas que son perfectas, que no necesitan evolucionar porque ya lo han hecho; no pertenecen a este mundo. Pienso que los sentimientos no pueden evolucionar, sí cambiar. No hay sentimientos mejores que otros, sólo distintos y cada uno es perfecto. Y tal vez algún día llegue a pensar distinto, puedo llegar a ser más rápido, más viejo o más sabio, pero, en ceteris paribus, no podría llegar a sentir distinto de lo que siento ahora...

sábado, 12 de febrero de 2011

me faltan palabras

Anhelo el momento del día cuando ya no puedo escuchar nada más que ese ruidito como de interferencia que viene con el silencio, para así recordar el silencio absoluto. Todo se transforma en aquel momento del día en el que ya no hay voces ni remordimientos, porque no puedo oír nada más que el zumbido que se intensifica mientras avanza esta noche indefinida por el universo. Casi como en un sueño, quiero buscar esa oportunidad en el que todo el estruendo explota, como en un big bang que enmudece mi infinito para crear la nada perfecta, esa nada secreta de donde no escapan los pensamientos. Anhelo este instante del día en el que todo se convierte en nada por un par de segundos eternos.

mellon collie

Encerrado viendo fotos, como si eso que me hacen ver pudiera hacerme olvidar la música que arde en mi cabeza y que no puedo tocar o las palabras que nadan libres y que no puedo atrapar. Es de cobardes recordar, cuando lo haces por cobardía, porque es fácil y ahora me siento cobarde; atrapado, haciendo algo para no sentirme nada. Es como estudiar horas y horas eso que en realidad ya sé para que mi tiempo por fin tenga un uso sensato. Recordar, estudiar o leer... si buscan el mismo fin, ¿qué sentido tienen, entonces, en sí mismos? Al fin y al cabo, distracciones no convencionales que acallan esas voces que no pueden silenciarse nunca.

jueves, 10 de febrero de 2011

Por la csm ya son las 5.

Me cuesta encontrar el punto en el que puedo comenzar a repartir daño a los demás sin remordimiento alguno. No sé si estará dentro de nuestra naturaleza el protegernos o amarnos, pero veo como a nadie le importan aquellas estupideces que me coartan en este momento. Y entonces, en la balanza no puedo entender qué tiene más peso, si mantenerme fiel a eso que creo estúpido, pero cierto o llevar a sus límites mi potencial. El éxito muchas veces puede parecer inescrupuloso. Algunas personas están condenas y, aunque no quiero ser determinista, veo que la única forma de enfrentar aquel "fatídico" destino sería dejar de ser persona. Tal vez dejar de ser quien eres es sólo un pequeño precio a cambio de lo que deseas. En ciertos aspectos se parece mucho a venderle el alma al diablo. ¿Destino? Hablamos y hablamos del sentido de nuestra existencia y yo quiero encontrar aquella vida en la que no tenga que cambiar, porque al final terminas convirtiéndote, por las buenas o por las malas, en eso que has elegido.

El primero después del segundo

Reviso y leo papeles sin parar, buscando esa respuesta que conoce el lugar aquel, que está en la punta de mi lengua. Sin esperar encontrar nada afín, un día llegamos como a un hotel de madera, lleno de cosas que no entendería. Nuestra suite era hermosa.
Como en ese sueño aquel, dormíamos abatidos por el sofocante calor de una tarde soleada y en el sueño de un sueño recorrí las instalaciones, sin más expectativas que matar un par de segundos ingenuos. Todo iba como lo esperado por todos, cuando vi aquella piscina. Sus recovecos contaban historias conocidas, como esas que he intentado recordar tanto tiempo.
Se me olvidó como se escribía y necesito recordarlo ahora.

domingo, 9 de enero de 2011

El Destino


Debo estar bien,
la mochila se apodera de mi;
debo estar bien,
la aventura me posee!

El destino nos marea mi amor,
el destino nos marea,
el destino nos marea mi amor,
cuando nada te conmueve!

Debo estar bien,
la explosión se apodera de mi;
debo estar bien,
la esperanza me posee!

El destino nos marea mi amor,
el destino nos marea,
el destino nos marea mi amor,
cuando nada te conmueve!

LALARALALALALA

Debo estar bien,
la razón se apodera de mi;
debo estar bien,
la locura me posee!

El destino nos marea mi amor,
el destino nos marea,
el destino nos marea mi amor,
cuando nada te conmueve!

LALARALALALALA


miércoles, 5 de enero de 2011

Crash

Raro como la historia trata de llevar todo a una forma lineal y absoluta. Es como empezar a derivar y derivar los hechos hasta una ecuación de primer grado. Tan irónicamente absurdo como recolectar todas las posibles causas, para luego meter la suma en una linea de tiempo.
esta mierda es cada día más corrupta y no entiendo donde se ha ido la verdad.

martes, 4 de enero de 2011

Y un día desperté extrañándola. Ella ya no piensa en mí, es algo que me ha cantado el día. Causa-efecto y no sé quien nació primero, como todo lo que me he cuestionado esta semana. Es todo distinto ahora, como si pudiera ser libre, como si pudiera dejar de pensar en ella. Puede que ya no le importe y que me haya eximido. Y de nuevo me pregunto si no lo habré imaginado. Soy libre y tal vez por eso ahora la extraño.
Ya no existe escapatoria de este jueguito y me pregunto ¿quién será el primero en dar la vuelta? Yo sé que ya no puedo decir la verdad ni atreverme a ver las cosas con claridad. Nos convertimos en eso que tanto odiamos, pero no por miedo, sino como consecuencia natural de algo tan grande, tan adverso como esto que nos persigue.

domingo, 2 de enero de 2011

¿El auto hace al hombre o el hombre hace al auto?

Dicen que las mascotas se parecen a sus amos, pero ¿pueden las cosas parecerse a sus dueños? Hoy, entre esas divagaciones creadas por la película que terminaba, me di cuenta que el auto en el que íbamos se parecía mucho a mi papá. Sin saber aún quién creó a quien, sus rasgos comenzaron a fusionarse, confundiéndome. Hay ciertas cosas que no tiene sentido cuestionarme, porque no tienen principio ni importancia, pero no puedo evitar pensar si es que fue ese auto quien transformó a mi papá o si fue sólo un paso más de la escalera al fin.
Desde el asiento del conductor se puede controlar todo lo que pasa en el auto, desde lo que respiramos hasta lo que sentimos. Las ventanas se bloquean para que nada escape de su control y la música está simplemente hecha para molestarnos, porque en ningún caso nos ha hecho sonreír. Los asientos, perfectos para estar sentados, no me dejan soñar y el ruido del motor me hace saber en todo momento que me estoy moviendo a gran velocidad. Tanta superficialidad me aleja de la carretera y me hace olvidar todo lo que le debo. Las ventanas de atrás distorsionan la realidad para que no pueda ver con claridad; adentro ni te imaginas como se siente el viento... adentro sólo sientes frío.
Con todas estas herramientas y unos cuantos botones, han logrado confundirme. ¿Es que él sólo se está aprovechando de mi papá? Conozco sus planes; son diabólicos, parecidos a temáticas de las películas más conspiracionistas. Todo llega a niveles extremos con este auto... ¿o con mi papá? Ya no puedo distinguirlos. Están destinados a estar solos, siempre buscando distanciarse del resto; marcar esa marginadora diferencia con la gente común. En el fondo siempre han soñado con estar solos. Están destinados para grandes logros... yo por mi parte, sólo quiero verlos alejarse a gran velocidad entre el polvo y el viento.

Fuego Fatuo

Es el segundo día del año y todo vuelve a comenzar. No puedo no sonreír cuando pienso en todas las nuevas aventuras que me esperan. El año anterior no fue un buen año y era mi año de la suerte. ¿Es acaso que el azar me ha dado dos cruces seguidas entonces? Porque no puedo evitar sonreír...

cuánta razón tenías.

 Lo que hubiera sido que se quede donde está